La historia de Wordle y sus variantes

2026-08-05

Wordle no nació como un producto pensado para millones de personas. Lo creó Josh Wardle, un ingeniero de software galés que había trabajado en Reddit, como un juego privado para él y su pareja, Palak Shah, a quien le gustaban los juegos de palabras. El nombre es un juego de palabras con su propio apellido —Wardle— y la palabra inglesa word. Durante un tiempo lo compartió solo con su familia, sin ninguna intención de publicarlo más allá de ese círculo cercano.

De juego familiar a fenómeno público

Wardle abrió Wordle al público en octubre de 2021. El crecimiento no vino de una campaña de marketing, sino del propio diseño del juego: cada partida genera un resultado en forma de cuadrícula de emoji —verde, amarillo, gris— que se puede compartir sin desvelar la palabra ni el contenido de los intentos. Esa cuadrícula funcionaba como un titular de "he jugado hoy" fácil de pegar en redes sociales y chats, y eso multiplicó el juego de boca en boca en muy poco tiempo, hasta convertirse en un hábito diario para una audiencia enorme a comienzos de 2022.

En enero de 2022, apenas unos meses después de su lanzamiento público, The New York Times adquirió Wordle a Josh Wardle. El periódico no reveló la cifra exacta, pero la prensa del momento la situó en un rango de siete cifras bajo. El juego se integró en la sección de juegos del NYT, donde sigue publicándose una palabra nueva cada día, con las reglas originales intactas.

Un mecanismo con raíces más antiguas

La idea central de Wordle —adivinar algo oculto mediante intentos con retroalimentación parcial, sin revelar la respuesta completa de golpe— no es nueva. El antecedente más citado es Mastermind, el juego de mesa de 1970 diseñado por Mordecai Meirowitz, donde un jugador coloca clavijas de colores en un orden secreto y el otro recibe piezas de dos colores que indican aciertos exactos y aciertos de color en posición incorrecta. Años antes, en los 50, ya existía Jotto, un juego de lápiz y papel en el que dos jugadores intentaban adivinarse mutuamente una palabra secreta contando cuántas letras coincidían. Wordle combina ese esquema de pistas parciales con una interfaz mínima y un límite de una partida al día, y esa combinación es la que resultó nueva.

El árbol de variantes

El éxito de Wordle disparó una ola de juegos derivados, cada uno estirando una parte concreta de la fórmula. Quordle y Octordle piden adivinar cuatro u ocho palabras a la vez con el mismo conjunto de intentos. Heardle aplicó la misma mecánica de intentos progresivos a fragmentos de canciones. Worldle cambia palabras por siluetas de países. Nerdle sustituye letras por ecuaciones matemáticas. Absurdle le da la vuelta al juego: en lugar de fijar la palabra desde el principio, va eligiendo entre las palabras que aún encajan con tus pistas para alargar la partida todo lo posible. Y decenas de adaptaciones locales trasladaron el formato a distintos idiomas, cada una con su propio diccionario y sus propias frecuencias de letras —entre ellas, juegos como Palabra del Día, pensado para jugarse en español, catalán, inglés, francés y portugués.

Lo llamativo de esta historia no es solo la velocidad de su expansión, sino que las reglas originales apenas han cambiado: cinco letras, seis intentos, una palabra al día. Ese minimalismo, más que cualquier función añadida, es probablemente lo que ha hecho que tantas variantes sigan siendo reconocibles como parte de la misma familia de juegos.

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